Un parche para mis heridas

por Realidad Deportiva 533 vistas Opinión

Por éstas horas el mundo de Juventud Antoniana sigue convulcionado por los hechos lamentables del pasado Domingo, cuando barras bravas (mal llamados hinchas) del “santo” se enfrentaron entre sí. Poco podemos decir con respecto a ese incidente, la opinión pública ya los condena mientras ellos seguirán embanderándose con los colores del club y exigiendo poder ingresar a las tribunas cuando el equipo de Gustavo Módica sea local.

Lo atamos con alambre

Ya se tomaron a golpe de puños, con su pseudo valentía dejaron al “santo” prácticamente afuera de la Copa Argentina, torneo que pudo haberle otorgado ingresos monetarios y oxígeno al club, teniendo en cuenta la precaria situación en la que se encuentra. Sumado a ésto, los barras tuvieron su minuto de fama en los medios por los que fueron llevados al status de “vergüenza nacional”. Fue tan grande la repercusión que en tiempos de redes sociales la fan page de la barra de Atlético Tucumán se manifestó en contra de los sucesos.

Ahora bien, el panorama para el “santo” no es nada alentador, una campaña de medio pelo en el Torneo Federal A, siempre jugando de local con poco público, hinchas hartos de la política de “pepe” Muratore, de las paupérrimas campañas y de los violentos de siempre. En algunas ocasiones ver un partido de Juventud siendo local fue como estar en un cotejo con público visitante, ya que las hinchadas vestidos con las mismas camisetas cantaban canciones diferentes. A todo ésto se le suma la falta de dinero. Por ello, el presidente de la institución supo indicar que “para que el club esté saneado económicamente es necesario contar con 3000 socios activos con cuota al día y hoy cuentan con cerca de 120 socios activos”, algo que, con calculadora en mano, no cierra. 


Lo atamos con alambre

Con el hartazgo cerca de la garganta surgió un comunicado por parte de la dirigencia antoniana. Sin derecho de adminisión para los violentos, la medida tomada fue el cierre de las populares para todo el hincha, sin distinción de nombre, apellido, altura o color. Quizás hasta emulando a las maestras de primaria con el discurso del “por uno pagan todos”. Pero, la pregunta es, la medida en si, ¿Es la solución?

Por lo pronto, la única medida tomada para palear el conflicto interno entre los barras bravas es cerrar con candado las populares. Aquella persona que juntaba la plata justa para poder ingresar a la tribuna, deberá escucharlo por radio o juntar un poco más para poder pagarse una platea. Decisión que seguirá alejando al hincha genuino de las canchas y que sólo busca achicar las tareas de los efectivos que se acercan a “trabajar” durante los partidos de Juventud como local.

Desde la dirigencia dicen que el conflicto es de barrio, pero tiene larga data. Ya en 2015 hay antecedentes con amenazas a “pepe” Muratore por parte de integrantes de “La 1” por derechos de admisión. En las elecciones para presidente de hace dos años nuevamente los barras bravas fueron los protagonistas por lo que los comicios fueron suspendidos sospechosamente. 

Mientras todo sigue transcurriendo, los violentos siguen defenestrándo los colores de los que dicen ser hinchas. Ya lo sugiere el “indio” Solari “Disculpa mis actos de hampón siempre hay quilombito en un cielo de dos. Y nunca hay terreno sagrado amor y es difícil no ser injusto con vos”. 

Hoy el “santo” está en coma inducido. Y curiosamente, en tiempos de carnaval, no hay bombos, no hay platillos, no hay banderas y ahora no habrá público en las populares. Quizás sea la hora de empezar a balancear el presente del club y que el hincha genuino se acerque para salvar esos colores que tanto dice querer.

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